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martes, 2 de abril de 2013
Este poema del siglo xx nos evoca tópicos que aparecían en poetas de los Siglos de de Oro de nuestra literatura : la amada genera luz , la amada enciende el corazón (Garcilaso soneto XXIII), y el amor más allá de la muerte, la desbarata.
Aunque hay versiones cantadas, por Serrat y otros, yo prefiero el poema de boca del propio autor, como aparece en este enlace. La voz, igual que la letra es algo personal y único. Pronto publicarás un estudio grafológico de este autor, que nos ayudará a comprender mejor su personalidad y su obra .Por ahora hay que conformarse con su voz .
Una mujer desnuda y en lo oscuro
tiene una claridad que nos alumbra
de modo que si ocurre un desconsuelo
un apagón o una noche sin luna
es conveniente y hasta imprescindible
tener a mano una mujer desnuda.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera un resplandor que da confianza
entonces dominguea el almanaque
vibran en su rincón las telarañas
y los ojos felices y felinos
miran y de mirar nunca se cansan.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
es una vocación para las manos
para los labios es casi un destino
y para el corazón un despilfarro
una mujer desnuda es un enigma
y siempre es una fiesta descifrarlo.
Una mujer desnuda y en lo oscuro
genera una luz propia y nos enciende
el cielo raso se convierte en cielo
y es una gloria no ser inocente
una mujer querida o vislumbrada
desbarata por una vez la muerte
LA COLABORACIÓN ENTRE MÚSICA Y LITERATURA: MANUEL DE FALLA Y FEDERICO GARCÍA LORCA
Es
curioso el destino de ese fervoroso triángulo artístico que formaron, en la
Granada de principios del siglo XX, Manuel de Falla, Federico García Lorca y
Hermenegildo Lanz. Los tres hombres unieron su imaginación para que la
tradición del teatro de marionetas diera el salto definitivo a lo culto y
moderno.
En agosto
de 1923, Lorca le había escrito a un amigo: “Preparamos Falla y yo la segunda
representación de los títeres de Cachiporra, en la que representaremos un
cuento de brujas, con música infernal de Falla y además colaborarán Ernesto
Halffter y Adolfito Salazar”. El poeta no cita a Hermenegildo Lanz. Unos años
después, Lorca escribe a Falla: “Lo de los Autos Sacramentales ha sido un éxito en toda España y un
éxito de nuestro amigo Lanz, que día tras día y modestamente consigue ganar
nuestra admiración”.
“El retablo de maese Pedro” suele atribuirse a Falla y Lorca, incluso alguna vez se habló de
la colaboración de Picasso, pero con el paso del
tiempo la autoría de las figuras y decorados se ha afianzado, aunque el nombre de
Lanz es advertido por muy pocos. Sin embargo, en ellos convergen de
manera atroz las tres formas con las que los vencedores de la Guerra Civil
liquidaron a los vencidos: el exilio (Falla), la muerte (Lorca) y el silencio
(Lanz).
“El País”, 30-5-2013
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